
Vi su rostro inclinado aquella tarde de marzo
y de mis ojos brotaron lágrimas.
Pregunté:
¿qué haremos con el amor vaciado en honda copa de fragilidad?
Y sin mirar mis ojos balbuceó:
¡quiebra la copa y deja que se derrame
que yo no puedo colmarla
ni tú eres capaz de beberla!
Tomé la copa y la hice trizas
volaron cristales arrogantes
hiriendo mis manos
para dejar señales de este amor sin huellas.
Despertaré un día y veré las heridas
por la copa del amor muerto,
sin haber visto luz en cada beso
ni palpado en su fondo,
la inmensa capacidad de amor
que atesora una gota de sangre
aún dormida en su lecho.







Sentí una sensación profética y casi apocalíptica al leer tu poema.
Va directo a mis favoritos.
Podría llegar a amarte si sigues escribiendo así, aunque jamás llegue a conocerte.
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ViejoNiñoCampesino